Los policías observan a la misteriosa dama, evitando mirar la horrible quemadura que le desfigura el rostro.
Luego Richard Ioki se acerca a ella.
—Venga conmigo por favor y cuénteme.
Cuando ambos toman asiento, ella vuelve a asegurarse estar casada con el ejecutivo.
—De modo que usted es la esposa de Martín Snoder. —dice Richard prestando atención a todo aquello que la mujer va a contarle.
—No. Soy la esposa del individuo que finge ser Martín Snoder que es muy distinto.
—Disculpe le llamamos así porque desconocemos su verdadero nombre. El auténtico Martín Snoder está muerto. —le informa el detective.
—No lo sabía, pero la verdad no me sorprende. —se sincera ella.
—Estamos investigando su nombre real. —dice Ioki preparando lápiz y papel para escribir todo aquello que la joven va a narrar.
—Yo conozco su nombre. Él es el responsable de esto. —dice señalando su cara con tristeza. —Me lo hizo cuando lo descubrí todo. Me obligó a casarme con él para que no pudiera delatarle, ni testificar en su contra. Como estaba enamorada y soy idiota accedí. Además cuando se lo propone puede ser un auténtico seductor.
—Ya veo. Continúe. —dice Richard.
—Me aseguró que se había arrepentido de haberme engañado pero que lo había hecho para protegerse.
La policía le buscaba por algo que aseguraba no haber hecho y yo le creí. —prosigue ella. —Así somos las mujeres cuando nos enamoramos, aunque tengamos algo muy claro delante de nuestras narices, nos negamos a verlo.
—¿Cuál es el auténtico nombre de su marido? —desea saber el agente.
—Evan Arvizo. —responde ella. —Con el paso del tiempo empezè a darme cuenta que nada era como él me aseguraba y comencé a investigar por mi cuenta.
—¿Y qué descubrió?
—Que no solo que le había conocido ocultándose bajo un nombre falso, sino que también su aspecto era falso.
—¿Aspecto falso? —pregunta el policía levantando la mirada del cuaderno.
—Así es. En una ocasión revisando sus cosas encontré una documentación en la que su aspecto era muy diferente de aquel con el cual le conocí. No pude ver su cuerpo, ya que en ella sólo se veía su rostro. El de alguien de cabello negro y largo, de abundante barba.
Como llegó a obtener el aspecto de Martín Snoder lo desconozco. Cuando yo le conocí era el ejecutivo que es ahora y tenía el aspecto con el cual se le conoce en este momento. —se sincera ella. —Además descubrí entre sus pertenencias, fotos del auténtico Martín Snoder. Al parecer debía estar obsesionado con él y le estaba espiando.
—Ha dicho usted que el sospechoso es el responsable de lo que tiene usted en su cara. —dice el policía. —Hableme de eso.
—Sì. —agacha la cabeza con tristeza. —Apenas transcurridos unos meses de nuestro matrimonio dejó de fingir ser un hombre maravilloso y pasaba mucho tiempo fuera de casa.
Me enteré que había conocido a otra mujer y se había encaprichado de ella. Ella ignoraba que Martín estaba casado y no sé si aún lo descubrió. Él era quién la perseguía, aunque no parecía lograr nada. Cuando mi madre descubrió todo quiso ir a hablar con esa mujer para decirle la verdad.
—¿Y qué ocurrió? —pregunta el agente tratando de no perderse un detalle del relato.
—Se lo impedí pues primero quería enfrentarlo yo, pero no tuve tiempo.
—¿Eso por qué?
—Cuando me dirigía a hablar con él en mi automóvil, se produjo una explosión en mi coche. Salí como pude de allí a duras penas y pude alejarme lo bastante para que la segunda explosión no me terminara de matar.
—¿Segunda explosión? —pregunta el policía levantando ambas cejas a la vez sorprendido.
— Sí. En mi coche no y había una bomba sino dos. Supongo que mi esposo quería asegurarse de acabar con mi vida. Se había cansado de mí y necesitaba estar libre para comenzar una historia con su nueva conquista.
—Y por casualidad ¿no conocerá el nombre de su nueva conquista?
—Sí. Alejandra Jackson. —confiesa ella.
De este modo el policía confirma lo que ya sospechaba. Además su olfato le dice que la misteriosa dama asesinada cuando estaba con Alejandra era la madre de la mujer que tiene ante él, aunque debe confirmarlo antes de decírselo pues quizás ni siquiera lo sepa.
—Tras escapar de la explosión y ponerme a salvo me desmayé. Desperté días después en la cama de un hospital con el rostro desfigurado y sin recordar ni quien era, ni cual había sido mi vida anterior. Pasé unos años con amnesia, hasta que un día comenzè a recordar poco a poco, y al final acabe recordándolo todo. Toda mi familia debe creer que fallecí en aquella explosión. He intentado ponerme en contacto con mi madre sin éxito.
—Gracias por su declaración.
—Aquí tiene mi número de teléfono de teléfono. —le entrega la dama al agente una tarjeta de visita. — Cualquier avance en la investigación, ponganse en contacto conmigo. —dice ella marchándose.
—Claro. No se preocupe. Gracias por su colaboración. —se despide el policía mientras la acompaña a la puerta de salida.
Lejos de allá, el impostor cambia de aspecto. Luego pega una fotografía con su nueva imagen en la documentación que robó a su compinche tras asesinarle.
Después de desayunar, Michael entrevista a los guardaespaldas que desea contratar. Cuando está a punto de marcharse, su padre se presenta en Neverland para hablar con Katherine, pero su hijo no se lo permite.
—Mamá no quiere verte y yo tampoco así que vete. Y no te acerques por aquí hasta que yo así lo decida. —dice Michael visiblemente molesto con él. —¡Marchate ya! No me obligues a llamar a seguridad.
El hombre se marcha con cara de pocos amigos.
Luego Michael se dirige a hablar con su mánager para comentarle lo sucedido.
—Debes cumplir con tus compromisos profesionales igualmente o podrían demandarte por incumplimiento de contrato. Si has de hacerlo sentado pues no queda más remedio. —le advierte su representante.
Siguiendo los consejos de Frank Dileo, Michael cumple con sus compromisos profesionales, aunque eso suponga no bailar. En sus conciertos sus fans al verle con el pie herido le aplauden más. Eso les hace admirarle todavía más. No podrá bailar pero ahí está dando sus conciertos a pesar de todo. Aunque canta sentado sobre una silla, el cantante no para de moverse y derrocha tanta energía como si estuviera de pie y bailando. Sus fans enloquecen.
Ha transcurrido un mes y ese día Michael sale pronto de su rancho. Tiene que ensayar con Joey Tempest y su grupo Europe, la canción que cantará con Joey en el concierto de los suecos esa noche.
Alejandra se encuentra bastante mejor. Ya no tiene problemas con el equilibro aunque aún no ha recuperado el oído.
Sin embargo el médico le ha dicho que su lesión ya ha sanado por completo y puede recuperarlo en cualquier momento. Ha estado trabajando con el audiólogo y este está convencido que puede recuperar la funcionalidad de su oído en unos días, ya que la lesión ya sanó.
—Hermana ya sabes. Esta tarde vais para el estadio. Os espero allá. —dice el cantante.
—Sí, no te preocupes. Comeremos algo por ahí. —dice ella.
Alejandra comienza a sollozar y los hermanos se preocupan.
—¿Qué te ocurre hermosa? —escribe él.

Comentarios
Publicar un comentario