El hombre de voz dulce la ayuda a levantarse del suelo, pero los golpes que Martín le propinó, la dejaron algo mareada y a duras penas lo logra.
A unos metros de allá, los grandullones retienen al ejecutivo. Aunque el novio de Alejandra, es alto y muy musculoso, los otros dos tipos le doblan en corpulencia y fuerza.
Él intenta librarse de ellos, sin éxito.
—¡Soltadme idiotas! —exige él, sin pararse de mover.
—¿Para qué? ¿Para que la vuelvas a agredir? —responde uno de ellos, sujetándole aún más fuerte.
—¡Eso no es asunto vuestro! ¡Es entre ella y yo! —dice él tratando de soltarse de nuevo.
—Si agredes a una mujer que además es tu pareja si es asunto nuestro. ¡Ahora cierra la boca o te la cierro yo! —dice uno de los escoltas del artista acercando su rostro en actitud amenazante a la cara del novio de Alejandra.
—¡Déjame imbécil! ¡La culpa es solo suya por salir a la calle habiéndoselo prohibido y acudir al concierto de ese tipejo llamado Michael Jackson! —responde el ejecutivo.
Cuando el cantante escucha la forma en la que el agresor de la mujer se refiere a él, palidece. Si bien no le sorprende, pues hay personas que se creen todos los inventos de los tabloides le gustaría que alguna vez pensaran por si mismos y no creyeran a ciegas, como si fueran un rebaño de ovejas, todo lo que cuenta la prensa.
—Definitivamente tú no conoces el significado de la palabra ¡RESPETO! —le reprocha el guardaespaldas marcando bien la palabra RESPETO.
—¡Yo hablo como me da la gana! —grita Martín furioso, levantando la voz.
Alejandra se lleva una mano a la cara y se queja de dolor. Una ardiente sensación de furia la invade. Quisiera devolverle a su pareja cada golpe y marcarle la cara como ha hecho él con ella, pero no puede competir con su fuerza. Es tal la impotencia que siente por lo sucedido y por no poderle responder de igual manera que rompe a llorar con desconsuelo, sintiendo como se rompe por dentro.
El hijo de Katherine Scruse, conmovido la abraza con ternura.
—Vas a estar bien te lo aseguro. Me encargaré que no vuelva a ocurrir y puedas vivir en paz. ¡Es un animal! Nunca entenderé a esa clase de elementos que agreden a una mujer. —dice él con una mirada cargada de desprecio, algo poco habitual en él. —Llamad a la policía y que se lo lleven. —dice el vocalista.
—¡No te metas en mis asuntos con mi mujer! ¡Y suéltala en este instante si no quieres recibir lo mismo! —amenaza el ejecutivo.
Uno de los escoltas impiden que el delincuente siga mirando a su novia, poniéndose delante de él, dificultando así su visión.
—Con las mujeres hay que tener mano dura, porque si no hacen lo que les viene en gana pensando que son libres de tomar sus propias decisiones. Hay que educarlas —dice Martín.
—Es que son libres para tomar sus propias decisiones, ¡troglodita! —dice uno de los escoltas —¡Ahora cállate que me pones enfermo!
—Eso es porque no eres un hombre de verdad y dejas que una mujer te mangonee —responde el ejecutivo con altanería.
—Si ser un hombre significa ser como tú, prefiero no serlo. —No te cierro la boca de un puñetazo porque la violencia no resuelve nada, no por falta de ganas. A ver si eres tan gallito tras los barrotes de una celda.
—Saldré enseguida y entonces os daré lo que merecéis. —les asegura Martín.
—¡Cállate! —dice uno de ellos retorciéndole un brazo a Martín que se queja de dolor.
La policía llega minutos después y tras saber lo ocurrido, esposan al ejecutivo.
—¡Suelta a mi novia idiota! —exige el hombre a Michael cuando le ve abrazándola. —Te metiste en mis asuntos ¡prepárate cuando salga! —amenaza el hombre de negocios al cantante.
Por fortuna para Michael el tipo no puede reconocerle desde dónde está pues está algo oscuro y además el artista lleva puesto su característico sombrero fedora, que oculta gran parte de su rostro.
Antes de irse, Martín amenaza a Alejandra.
—¡Cuando salga te buscaré y te arrepentirás de haber salido sin mi permiso al concierto de ese cantante de cuarta categoría! —la vuelve a amenazar, gritando. —¡Nunca podrás librarte de mí y ya sabes porque! —la mira con odio, mientras ella voltea la cara para evitar mirarle.
—Sigue hablando y cúbrete de gloria, que al delito de agresión podemos añadir el de amenazas. —le dice el policía.
Michael ayuda a Alejandra a subir a la limusina y la lleva a un hospital para que revisen los golpes que su novio le asestó.
Joey Tempest aún impresionado por la belleza de la amiga de Eva no puede dejar de pensar en ella desde que estuvo en el escenario junto a él y Michael Jackson. La hija de James gusta y mucho a los hombres, aunque ella no sea en verdad consciente de su belleza y se considere una chica más del montón.
La limusina llega al centro de salud,el cantante se camufla un poco antes de salir del vehículo, para no ser reconocido por nadie.
Odia hacer eso.
Le gustaría poder salir a algún lado libremente y poder gozar de un rato tranquilo actuando como cualquier persona normal y disfrutar de un momento de relax y paz, pero es imposible. Y no es tanto por la gente, pues aunque hay de todo, la mayoría de las personas suelen ser encantadoras. Quisiera poder hablar con la gente de manera normal sin que tuviesen en cuenta quién es.
Si el artista se camufla para no ser descubierto es sobre todo por la prensa. Lleva soportándolos, aguantado sus mentiras toda la vida. No quiere fotos mientras disfruta de algo tan normal como pasear o como en éste caso acompañar a alguien al médico. Ellos siempre especulan con cada cosa que hace o con la que no hace.
Después de largo rato esperando en urgencias, Alejandra es atendida al fin.
Aunque presenta numerosas magulladuras y golpes por rostro y cuerpo por fortuna no es nada serio.
—Tendrá la cara amoratada e hinchada durante unos días. Pero poco a poco irá remitiendo.
En ese momento aparece el policía que se llevó detenido a Martín para tomarle declaración a la mujer.
—Uno de los golpes causó un ligero daño en uno de sus oídos internos que son los responsables del equilibrio. Durante unos días y hasta que sane no debería estar sola. No es una lesión muy importante así que con tratamiento curará en un tiempo. Incluso puede que tenga algunos problemas para escuchar bien mientras la lesión sane. —Señorita ¿me escucha? —pregunta el médico que desea comprobar si la muchacha puede escucharle claramente.
—¿Qué? Hable más alto tengo problemas para escucharle. —dice ella.
El médico mira a Michael que la observa muy preocupado y al agente.
—Venía a tomarle declaración a la señorita por la agresión que sufrió pero ya veo que tiene problemas para escuchar. Eso es un problema porque sin su declaración ese tipo puede salir libre. —se lamenta el policía.
—Yo puedo contarle lo que vi y lo que dijo. Tal vez eso sea de ayuda. —se ofrece el artista.
—Pues sí lo sería, muchas gracias. En principio y por prevención aconsejaría que se alojase en otro lugar durante una temporada.
En su casa no desde luego, porque será ahí dónde primero la busque.
En casa de una amiga tampoco porque sabrá perfectamente dónde encontrarla. Lo ideal sería en algún lugar alejado y desconocido para él, hasta que se celebre el juicio. —dice el detective.
—No se preocupe. Se quedará en mi casa todo el tiempo que sea necesario. —le asegura el artista mirando a Alejandra.
A unos metros de allá, los grandullones retienen al ejecutivo. Aunque el novio de Alejandra, es alto y muy musculoso, los otros dos tipos le doblan en corpulencia y fuerza.
Él intenta librarse de ellos, sin éxito.
—¡Soltadme idiotas! —exige él, sin pararse de mover.
—¿Para qué? ¿Para que la vuelvas a agredir? —responde uno de ellos, sujetándole aún más fuerte.
—¡Eso no es asunto vuestro! ¡Es entre ella y yo! —dice él tratando de soltarse de nuevo.
—Si agredes a una mujer que además es tu pareja si es asunto nuestro. ¡Ahora cierra la boca o te la cierro yo! —dice uno de los escoltas del artista acercando su rostro en actitud amenazante a la cara del novio de Alejandra.
—¡Déjame imbécil! ¡La culpa es solo suya por salir a la calle habiéndoselo prohibido y acudir al concierto de ese tipejo llamado Michael Jackson! —responde el ejecutivo.
Cuando el cantante escucha la forma en la que el agresor de la mujer se refiere a él, palidece. Si bien no le sorprende, pues hay personas que se creen todos los inventos de los tabloides le gustaría que alguna vez pensaran por si mismos y no creyeran a ciegas, como si fueran un rebaño de ovejas, todo lo que cuenta la prensa.
—Definitivamente tú no conoces el significado de la palabra ¡RESPETO! —le reprocha el guardaespaldas marcando bien la palabra RESPETO.
—¡Yo hablo como me da la gana! —grita Martín furioso, levantando la voz.
Alejandra se lleva una mano a la cara y se queja de dolor. Una ardiente sensación de furia la invade. Quisiera devolverle a su pareja cada golpe y marcarle la cara como ha hecho él con ella, pero no puede competir con su fuerza. Es tal la impotencia que siente por lo sucedido y por no poderle responder de igual manera que rompe a llorar con desconsuelo, sintiendo como se rompe por dentro.
El hijo de Katherine Scruse, conmovido la abraza con ternura.
—Vas a estar bien te lo aseguro. Me encargaré que no vuelva a ocurrir y puedas vivir en paz. ¡Es un animal! Nunca entenderé a esa clase de elementos que agreden a una mujer. —dice él con una mirada cargada de desprecio, algo poco habitual en él. —Llamad a la policía y que se lo lleven. —dice el vocalista.
—¡No te metas en mis asuntos con mi mujer! ¡Y suéltala en este instante si no quieres recibir lo mismo! —amenaza el ejecutivo.
Uno de los escoltas impiden que el delincuente siga mirando a su novia, poniéndose delante de él, dificultando así su visión.
—Con las mujeres hay que tener mano dura, porque si no hacen lo que les viene en gana pensando que son libres de tomar sus propias decisiones. Hay que educarlas —dice Martín.
—Es que son libres para tomar sus propias decisiones, ¡troglodita! —dice uno de los escoltas —¡Ahora cállate que me pones enfermo!
—Eso es porque no eres un hombre de verdad y dejas que una mujer te mangonee —responde el ejecutivo con altanería.
—Si ser un hombre significa ser como tú, prefiero no serlo. —No te cierro la boca de un puñetazo porque la violencia no resuelve nada, no por falta de ganas. A ver si eres tan gallito tras los barrotes de una celda.
—Saldré enseguida y entonces os daré lo que merecéis. —les asegura Martín.
—¡Cállate! —dice uno de ellos retorciéndole un brazo a Martín que se queja de dolor.
La policía llega minutos después y tras saber lo ocurrido, esposan al ejecutivo.
—¡Suelta a mi novia idiota! —exige el hombre a Michael cuando le ve abrazándola. —Te metiste en mis asuntos ¡prepárate cuando salga! —amenaza el hombre de negocios al cantante.
Por fortuna para Michael el tipo no puede reconocerle desde dónde está pues está algo oscuro y además el artista lleva puesto su característico sombrero fedora, que oculta gran parte de su rostro.
Antes de irse, Martín amenaza a Alejandra.
—¡Cuando salga te buscaré y te arrepentirás de haber salido sin mi permiso al concierto de ese cantante de cuarta categoría! —la vuelve a amenazar, gritando. —¡Nunca podrás librarte de mí y ya sabes porque! —la mira con odio, mientras ella voltea la cara para evitar mirarle.
—Sigue hablando y cúbrete de gloria, que al delito de agresión podemos añadir el de amenazas. —le dice el policía.
Michael ayuda a Alejandra a subir a la limusina y la lleva a un hospital para que revisen los golpes que su novio le asestó.
Joey Tempest aún impresionado por la belleza de la amiga de Eva no puede dejar de pensar en ella desde que estuvo en el escenario junto a él y Michael Jackson. La hija de James gusta y mucho a los hombres, aunque ella no sea en verdad consciente de su belleza y se considere una chica más del montón.
La limusina llega al centro de salud,el cantante se camufla un poco antes de salir del vehículo, para no ser reconocido por nadie.
Odia hacer eso.
Le gustaría poder salir a algún lado libremente y poder gozar de un rato tranquilo actuando como cualquier persona normal y disfrutar de un momento de relax y paz, pero es imposible. Y no es tanto por la gente, pues aunque hay de todo, la mayoría de las personas suelen ser encantadoras. Quisiera poder hablar con la gente de manera normal sin que tuviesen en cuenta quién es.
Si el artista se camufla para no ser descubierto es sobre todo por la prensa. Lleva soportándolos, aguantado sus mentiras toda la vida. No quiere fotos mientras disfruta de algo tan normal como pasear o como en éste caso acompañar a alguien al médico. Ellos siempre especulan con cada cosa que hace o con la que no hace.
Después de largo rato esperando en urgencias, Alejandra es atendida al fin.
Aunque presenta numerosas magulladuras y golpes por rostro y cuerpo por fortuna no es nada serio.
—Tendrá la cara amoratada e hinchada durante unos días. Pero poco a poco irá remitiendo.
En ese momento aparece el policía que se llevó detenido a Martín para tomarle declaración a la mujer.
—Uno de los golpes causó un ligero daño en uno de sus oídos internos que son los responsables del equilibrio. Durante unos días y hasta que sane no debería estar sola. No es una lesión muy importante así que con tratamiento curará en un tiempo. Incluso puede que tenga algunos problemas para escuchar bien mientras la lesión sane. —Señorita ¿me escucha? —pregunta el médico que desea comprobar si la muchacha puede escucharle claramente.
—¿Qué? Hable más alto tengo problemas para escucharle. —dice ella.
El médico mira a Michael que la observa muy preocupado y al agente.
—Venía a tomarle declaración a la señorita por la agresión que sufrió pero ya veo que tiene problemas para escuchar. Eso es un problema porque sin su declaración ese tipo puede salir libre. —se lamenta el policía.
—Yo puedo contarle lo que vi y lo que dijo. Tal vez eso sea de ayuda. —se ofrece el artista.
—Pues sí lo sería, muchas gracias. En principio y por prevención aconsejaría que se alojase en otro lugar durante una temporada.
En su casa no desde luego, porque será ahí dónde primero la busque.
En casa de una amiga tampoco porque sabrá perfectamente dónde encontrarla. Lo ideal sería en algún lugar alejado y desconocido para él, hasta que se celebre el juicio. —dice el detective.
—No se preocupe. Se quedará en mi casa todo el tiempo que sea necesario. —le asegura el artista mirando a Alejandra.
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