CAPÍTULO 7 : EL ASESINATO


Amanece en Neverland. Michael se levanta temprano. Ese día está especialmente triste y desanimado.
No tiene ganas de hacer nada. Solo quedarse en casa y disfrutar de un día tranquilo. Dar un paseo por los jardines. Relajarse escuchando el canto de los pájaros. Sin embargo, se encuentra inmerso en la preparación de una serie de conciertos en los que presentará su nuevo trabajo discográfico.
Son ya muchos años  sufriendo mentiras de los medios de comunicación y los difamadores. Cualquier otro ser humano se habría vuelto loco con todo eso.
Pero ahí está él. Aguantando  y continuando con su trabajo. Lo hace porque ama lo que hace y por  sus fans.
Ellos le adoran y él le corresponde de la misma forma.
¿Cómo no amarlos? No sólo compran sus discos y van a sus conciertos, además le defienden de tanto ataque, sin siquiera conocerlo en persona. Solo por admiración y amor. Con ellos se muestra tal cual es, pues sabe que nunca le harían daño.
Con el resto de las personas es distinto. Algunos lo odian y no sabe por qué. Entiende que su música puede no gustar a todo el mundo. Eso lo comprende. Pero de ahí al odio que le muestran, media un abismo. Le detestan, no por su música, sino por lo que la prensa inventa de él.
Creen todo lo que los tabloides inventan, por más absurdo que sea.
Él sólo quiere ayudar, dar amor y que la gente lo ame. O al menos  que no le desprecien  tanto.
El hermano de Janet, recuerda la cara de la chica del reportaje que leyó la noche anterior. Es una mujer hermosa, de hermosa sonrisa, pero mirada triste.
"¿Por qué hay tanto dolor en los ojos?" piensa.
Lejos de allí, Alejandra despierta. Ese día tiene mucho trabajo, pero primero, como hace todas las mañanas, baila para ponerse en forma. Esta mañana con la canción "Maniac" de Michael Sembello, perteneciente a la banda sonora de la película Flash dance. Al finalizar se da una ducha rápida.
Minutos después, mientras se dirige a su vestidor para cambiarse e ir a trabajar,  el teléfono de su casa suena.
—¿Alejandra Jackson? —pregunta una persona al otro extremo de la línea telefónica.
—Así es. ¿Quién habla? —se extraña ella.
—Usted no me conoce, pero es muy importante que hablemos tan pronto como sea posible. Es urgente. Me gustaría hablar con usted acerca de Martín Snoder. —le dice una triste voz femenina triste desde otro lado del dispositivo.
Alejandra  se queda pensativa por un momento.
«¿Qué podrá decirle sobre Martín que desconozca?»
La joven, finalmente accede a quedar con la misteriosa mujer. Siente curiosidad por lo que su interlocutora tenga que decirle al respecto, por lo que la cita en su cafetería favorita. Dispone de  mucho  tiempo. Siempre sale de a casa dos horas antes y después del baile de  cada mañana para mantenerse en forma, camina una hora antes de ir a trabajar. Ese día hará una excepción.
Quedará con la misteriosa dama que la llamó para hablar de su maldito novio.
Un grupo sueco de música  Hard Rock, llamado Europe, llega a Estados Unidos con la idea de llevar su música a los países de América.
Acaban de lanzar el álbum The Final Countdown y la canción que le da nombre, ya es un éxito en la mitad del mundo, tanto por la calidad del tema, como la impresionante voz de su cantante; Joey Tempest.
En Neverland, ya de vuelta en su habitación, Michael enciende el televisor y decide mirar si ponen algo que merezca la pena. Se habla de la llegada a los Estados Unidos de los europeos.
Hablarán de ellos y emitirán el vídeo The Final Countdown.
Michael presta atención al grupo. No colabora demasiado con otros artistas.
No es porque alguien egocéntrico. Es que para eso, tienen que llamar su atención por su talento. Esos tipos sin duda, lo están logrando.
Alejandra llega al lugar en el que citó a la mujer que se puso en contacto con ella. Una mujer triste y algo asustada se dirige a ella.
—¿Alejandra Jackson?
—Sí. —contesta ella dándose la vuelta  y mirándola.
—Soy quien la  llamó. —se sincera  una mujer, de unos cincuenta años, pelo oscuro y traje negro, que oculta su identidad bajo unas grandes gafas de sol. Se comporta enigmática, como escondiéndose de algo
—Entremos. —propone una sonriente Alejandra.
Ambas entran en el recinto.
Alejandra pide dos cafés en el bar.
–Voy al baño un momento. Enseguida regreso. —sonríe Alejandra.
—Aquí la espero. —responde la dama sin quitarse las gafas de sol.
Aprovechando que la joven se encamina hacia el aseo, la mujer introduce algo en el bolso de la novia de Martín. Minutos más tarde, Alejandra ya está de vuelta.
—Venga conmigo. Vamos a tomar asiento y me cuenta! —dice la mujer más joven, dirigiéndose a una de las mesas con la mujer de mediana edad.
Se sientan.
—Todo bien. Aquí estamos, ¿qué tenía que hablar conmigo? —pregunta la amiga de Eva.
—Quiero advertirle sobre su novio Martín Snoder. —se sincera la mujer misteriosa.
—La escucho. —sonríe Alejandra.
La dama triste está a punto de comenzar a hablar, cuando un encapuchado entra en el local,
armado con una pistola.
—¡Esto es un atraco!
Segundos después, una explosión se escucha y alguien cae al suelo herido de muerte.

Foto de Europe en Multimedia.

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