CAPÍTULO 8 : LA PROPUESTA

Dedicado a @ Aimeéjackson

El delincuente se aproxima a la caja registradora, mientras amenaza su arma a todos los clientes de la cafetería.
Luego toma una pequeña cantidad de dinero de ella.
Segundos después el criminal, huye de allí rápidamente.

La gente, aterrada, sale despavorida del lugar mientras que Alejandra con salpicaduras de sangre en la blusa azul, corre para ayudar a su compañera de mesa. La novia de Martín, toma el pulso de la dama, pero no puede encontrarlo.

Los gerentes del lugar, llaman a la policía y una ambulancia, que se trasladan de manera inmediata hacia allí. Cuando llegan, una media hora más tarde, los médicos toman el pulso de la mujer herida. Un joven oficial, físicamente muy similar al actor de artes marciales, Dustin Nguyen, interroga a Alejandra.

—No puedo contarle mucho. Todo ocurrió muy rápido. Él vino, dijo que era un atraco y sin mediar palabra disparó a la persona que estaba conmigo. —declara Alejandra.

—¿Algún cliente se enfrentó a él o trató de escapar? —pregunta el detective anotando en un cuaderno lo que ella le dice.

—No. En ningún momento. Entró. —confiesa Alejandra dirigiendo su mirada a la de su compañera de mesa. —La apuntó a ella de forma directa, disparó, corrió a la caja, tomó algo de dinero y huyó. —le explica la joven al policía.

—Muy bien gracias. —dice el agente.

Entonces los dos acuden al lugar en el que el equipo médico atiende a la misteriosa dama, para preguntar sobre su estado.

—No hay nada que hacer. No hay pulso. Lo más probable es que muriera en el acto. — informa al médico cerrando su maletín.

—Pobre mujer. —se lamenta la joven, mientras mira con tristeza, el cuerpo sin vida de la persona que minutos antes estaba con ella.

—Vamos a llamar al médico forense, para proceder al levantamiento del cuerpo. —dice el policía. —Señorita, aquí está mi tarjeta. Si se acuerda otra cosa, no dude en ponerse en contacto conmigo. Ahora puede salir.

—Está bien. —contesta ella alejándose de allí.

El agente encargado del caso habla con el gerente.

—¿Cuánto dinero se llevó? —pide saber el muchacho.

—Muy poco, sólo doscientos dólares y eso es raro. —le informa el encarga, un hombre de unos cuarenta y cinco años, el pelo negro, alto y delgado.

—¿Por qué? —interroga el sabueso.

—Había mucho más dinero del que tomó en la caja. Estamos teniendo una buena mañana y estaba llena. Compruèbelo usted mismo. —le propone el hombre abriendo la caja.

La policía se cerciora con sus propios ojos de la veracidad de las palabras del empleado. Cualquier asaltante habría tomado, si no todo el dinero, desde luego sí mucha más cantidad. Doscientos dólares es una cantidad ridícula teniendo en cuenta la zona donde está ubicado el restaurante. Su clientela son personas con alto poder adquisitivo.

El detective sospechaba desde el principio que las cosas no eran lo que parecían.

«No es un robo simple. Aquí hay algo más» piensa.

A lo lejos, el criminal en su fuga, se deshace del pasamontañas y el arma utilizados en el asalto.
Nadie puede reconocerlo, de modo que pasea con tranquilidad, después de deshacerse de las pruebas incriminatorias. Se suelta la melena rubia, y tira la cazadora negra, quedando tan solo con un pantalón vaquero negro y una camiseta negra que resalta sus grandes músculos.
Nadie podrá relacionarle nunca con el asalto.

Mientras Alejandra se dirige a su coche, un equipo de televisión que está allí cerca para filmar un reportaje, precisamente sobre la baja delincuencia en la zona, averiguan que ha ocurrido y se presentan enseguida en el lugar. En ese momento, ven a Alejandra salir por la puerta del bar.

Alguien les informa que ella estaba en el interior cuando todo sucedió. Los periodistas se acercan de inmediato a la novia de Martín para preguntarle y lo primero que hacen es enfocar las manchas de sangre en su ropa.

—Señorita, ¿podría decirnos qué pasó? —le pide una mujer rubia vestida con sobriedad, ojos negros y pasados los cuarenta.

—Hablen con la policía. Tengo que ir a trabajar.
—responde alejándose a toda prisa.

La mujer detesta a los periodistas. Sólo ha concedido una entrevista en su vida, pero para una revista seria y por un motivo de peso. Sabe que algunos periodistas son mentirosos y manipuladores, capaces de lo que sea con tal de vender más ejemplares.
Especialmente con las celebridades.

El cantante Michael Jackson es una de sus víctimas.
Sobre él se han dicho muchas cosas, muchas mentiras. Alejandra sonríe cuando recuerda el cantante.
Hace mucho perdió la alegría, pero Michael la hace sonreír. Es la única persona que lo ha logrado desde hace mucho tiempo. Y no es una sonrisa de cortesía o amabilidad como las que le mostraba a esa pobre y malograda mujer. La que Michael le provoca, le sale del corazón.

Es divertido, como un niño grande. También es un ser humano increíble y un gran artista.

«Sus conciertos tienen que ser puro espectáculo!» piensa la chica.

La novia de Martín se acerca al centro comercial colindante al restaurante y adquiere una nueva blusa en tono coral. No puede ir a trabajar con la ropa llena de sangre.

Martín se reúne con uno de los clientes de la empresa para cerrar un negocio.
Sin embargo, todo termina mal. El novio de Alejandra acaba discutiendo con uno de ellos por un desacuerdo, y le  propina un puñetazo. Así lo resuelve todo Martin.
A golpes.

El otro ejecutivo le denuncia y el novio de Alejandra termina en una celda. Cuando su jefe se entera de lo ocurrido, monta en cólera.
Tendrá que esperar unos días hasta que salga de la cárcel y retorne a California para despedirlo.

En Nueva York, aparece el cuerpo de un individuo no identificado. La policía está segura de quién es el responsable de este crimen y que se halla fuera del estado.

Michael llega a Neverland después de un duro día de ensayo. Se pone un cómodo pijama de rayas blancas y azules. Decide mirar un poco de televisión, mientras cena.

Está a punto de ver una película, cuando en un canal aparece la imagen de Alejandra en las noticias. Eso capta toda su atención. En la noticia se informa de lo acontecido en el restaurante por la mañana.
Preguntan a la novia de Martín. Ella no parece interesada en hablar con ellos.

—Creo que no le gustáis mucho. —sonríe maliciosamente el cantante. —Podría haber parado unos segundos para hablar con vosotros y no quiso. Tan pronto como os vió, torció el gesto. —se ríe como un niño. —Tiene la blusa manchada de sangre y ni siquiera os habéis interesado por como podría encontrarse. Lo único que os preocupa, es que os cuente lo que pasó. Pero os quedasteis con las ganas. —sonríe Michael feliz.

—¿Se puede? —dice Janet, su hermana, asomando la cabeza por la puerta de su habitación.

—¡Por supuesto, hermana!
Sabes que no necesitas permiso para entrar. Mi casa está siempre abierta para tí. —la abraza.

—Gracias, Mike. —le devuelve el abrazo. —¿Qué haces?

—Ver las noticias mientras ceno. —responde él.

—Eso es muy raro en ti. —dice su hermana menor, levantando ambas cejas desconcertada.

—Ya. —responde Michael, mientras se encoge de hombros.

Michael permanece atento a la pantalla y por primera vez escucha la voz de Alejandra.

—¡Vaya! ¡Eres mucho más bonita de lo que pensaba! —exclama él mirándola.

—Ahora entiendo por que estás viendo  las noticias. Es una mujer muy hermosa. —dice su hermana fijando su vista en la pantalla.

Entonces, la pequeña de los Jackson, repara en la revista. Michael olvidó guardarla y está abierta precisamente en la página de la entrevista a Alejandra.

—¡La misma chica! —exclama Janet sorprendida, tomando la publicación entre sus manos.

—¿Qué? —responde Mike sin despegar los ojos de la pantalla.

Janet le muestra el semanario.

Entonces Michael se da cuenta que ni siquiera lo guardó, y lo dejó abierto en la página donde sale el rostro de Alejandra.

—Esa mujer te gusta. —dice Janet.

—¿Cómo? No ...—responde él bajando la mirada avergonzado.

—Pones esa cara bobalicona cuando una mujer te gusta. —le asegura ella, sonriendo maliciosamente.

—Me conoces demasiado bien y no me gusta —se queja el cantante.

—Es que eres como un libro abierto. —se sincera d su hermana. —¿Te gustaría conocerla? —inquiere Janet.

—Sí, pero es muy difícil. —se sincera Michael.

—Eres Michael Jackson, una de las personas más influyentes en el mundo. Si alguien puede conseguirlo eres tú. —le recuerda su hermana pequeña.

Dos días más tarde, Alejandra se reúne con su amiga Eva, que quiere hablar con ella.

—Bueno, alocada, ¿de qué me quieres hablar? —desea saber la novia de Martin.

—Necesito que me hagas un favor. —responde Eva.

—Tú dirás. —responde Alejandra.

—Mi cantante favorito actúa mañana aquí en California y quiero que vengas conmigo. —le propone Eva.

—Sabes que no puedo. Martín me ha prohibido salir a ningún lado si no es con él. Sabes cómo se pone cuando no hago lo que quiere. —se lamenta Alejandra frunciendo el ceño. —Odio eso.

—Está fuera de la ciudad, así que no lo sabrá. Necesitas distraerte un poco. —asegura su amiga.

—Por curiosidad, ¿de quién es el concierto? —pregunta Alejandra.

—Del "gran" Michael Jackson.  —confiesa Eva emocionada Eva, haciendo hincapié en la palabra "gran" con entusiasmo.

—¿¡Michael Jackson!? —exclama Alejandra sorprendida, mientras sonríe y brillo aparece en sus ojos.

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